HISTORIA DE UN CANOTIER junio 10, 2012 – Publicado en: BLOG – Tags: , , ,

Ayer estrené mi nuevo canotier. Los sombreros y tocados me encantan (creo que esto ya os lo podíais imaginar), así que no he parado hasta encontrar un canotier para esta temporada. Es perfecto: de ala no muy amplia y algo levantado de copa, ¡¡¡así que favorece tanto..!!!
Aunque lo habréis visto infinidad de veces, especialmente en los desfiles de Chanel y algún otro diseñador como Oscar de la Renta o Marc Jacobs, es este un sombrero que aún no destaca por su nombre propio: Canotier. El sombrero canotier nace en 1880, se dice que fue el sombrero de los gondoleros de Venecia, que lo solían adornar con una cinta larga, para distinguirse de los oficiales de marina. A finales del siglo XIX se pone de moda en Francia, por la exaltación de la navegación “du canotaje”, de ahí su nombre. Paralelamente los inmigrantes italianos lo pusieron de moda en América, donde obtuvo su máximo esplendor en la primera mitad del siglo XX.
Con el tiempo, el canotier fue utilizado por todas las clases sociales: actores musicales del vodevil, así como por los agentes del FBI en tiempos de la pre-guerra. En el mundo del cine, los actores Gene Kelly, Fred Astaire o Maurice Chevalier fueron los máximos representantes del canotier.
Fred Astaire
Coco Chanel eligió el canotier como símbolo de la nueva era, consiguiendo imponer el sombrero como uno de los símbolos de la nueva mujer. El primer triunfo de Coco se produjo durante una visita al hipódromo antes de la I Guerra Mundial. Tocada con un sombrero canotier y un traje sastre se enfrentó a plumas, rellenos y damas encorsetadas. Todo París comenzó a hablar de sus sombreros.
Escena de la película inspirada en la vida de Coco Chanel
Yo por mi parte, seguiré disfrutando de mi nueva adquisición. Pero no quiero finalizar este post sin dedicarlo a la persona que siempre está detrás de la cámara, apoyándome con ilusión por esta pasión mía que el el diseño de tocados y complementos. Gracias a mi chico no sólo por entenderlo, sino por haber creído en mí siempre.